jueves, 3 de julio de 2014

El Cigarro

 Tenía quince días que había dejado el cigarrillo. Por muchas razones decidí dejar mi vicio, una de ellas y no sé por qué motivo: él. Pasaba los días pensando “hoy fumaré uno…hoy no…” hasta que un día finalmente lo dejé.  No mentiré se sintió bien, no tenía ansiedad ni tics nerviosos, me sentía más limpia, llena de otras cosas, todo iba bien, hasta que tuvo que cruzarse nuevamente en mi camino.
 Había pasado casi un mes de la última vez que yo estúpidamente decidí marcarte sin razón aparente, solo fue el imprudente impulso que me tomó en un momento de vulnerabilidad, me contestaste como siempre, escuché tu voz que tenía tanto sin escuchar, la escuché decir las palabras que me derrumbaron, esas palabras que me indicaron que tu corazón ya era de alguien más y no había nada que hacer, ahí decidí que sería la última vez que escucharía tu voz.
  Ese día, ese maldito día me desperté antes de la hora normal, para poder llegar antes a la universidad. Estuve estudiando toda la noche memorizando hasta la última definición de un estúpido libro de lingüística, todo aquello hice para que al verte lo olvidara todo.
 Esa mañana tomé el camino equivocado, tomé el camino largo por un descuido, (como si tuviera el tiempo para esos errores) todo pintaba normal, todo hasta que me tocó el primer rojo del día, vi un carro, parecido al suyo, jamás pensé que en realidad fuera a ser el suyo, pero lo fue.
 Fueron los quince segundos más largos de mi existencia, te contemplé, como muchas otras veces lo había hecho, solo que esta vez, había un algo distinto, esta vez me eras ajeno, no percibí la sensación de familiaridad o costumbre que siempre tenía al verte, pero esta vez no, al escaso metro que nos separaba no pude más que sentirte lejano.
 Te ví, me viste con tus ojos verdes que siempre me escrutaban y siempre me laceraban, que siempre me delataban.          Claro que también percibiste mi presencia, ahí estaba yo, quien hubiera sido tu amor más grande anterior a tu nueva vida, nos vimos a los ojos, por unos cuantos segundos eternos no reaccionamos, ni tu ni yo, hasta que finalmente decidí levantar mi mano y agitarla a modo de saludo. Te saludé, te sonreí, no hubo necesidad de decir ni una palabra, no hubo necesidad, ni tampoco valor para decirlo, simplemente hiciste lo mismo.
 De ahí en adelante, todo el estúpido camino tu carro iba atormentándome, a veces a lado, a veces delante, decidí acelerar y dejarte atrás, con la ironía del asunto, justo como la última vez, perdí tu rastro y seguí, pero tus ojos, me seguían, tal vez solo divagaba, pero ahí estaban.
 Llegué a la escuela después de los que fueron los quince minutos más largos ¿qué pasó con lo que había memorizado para mi examen? Gracias a ese encuentro, todo se fue al carajo, como todo lo relacionado a nosotros. Estacioné el carro, las manos aún me temblaban, toda esa fortaleza que pude mostrar frente a ti, a estas alturas ya se había desvanecido, era oficial, estaba actuando como una idiota.
 En ese momento, tuve la mayor ansiedad que había experimentado en años. Recordé que en aquel intento de mochila que cargaba en esos días lluviosos debía de tener lo que serían los restos de mi antiguo vicio, y así era, saque el último cigarro que cargaba, me apresuré a prenderlo, por un instante me concentré solo en percibir el sabor a tabaco en mi boca.
 Fumada tras fumada te iba olvidando, una tras otra, con calma, sin prisa, dejando salir mis emociones en forma de humo del tabaco que se quemaba poco a poco en mis manos; otra fumada, recordé tus ojos y los olvidé, poco a poco se quitaba el temblor absurdo de mis manos; otra fumada y mi cigarro ya se había consumido unos tres cuartos, mientras yo seguía olvidando todo sentada en una pobre banqueta. La escena más cursi y patética de mi vida: yo fumando un cigarro, sentada en una banqueta con la lluvia cayendo
 Última fumada de aquel cigarro que apareció como caído del cielo, ya sentía como se relajaban cada músculo de mi cuerpo, y cómo dejaba escapar hasta el último aliento de la tensión que minutos antes se podría haber cortado con cuchillo, terminé, lo tiré al piso y me puse de pie.
 Caminé y seguí caminando hasta mi facultad, esta vez la lluvia ni nada me importaba, en mi cabeza resonaba aún el encuentro,  no por nada me tomé el tiempo de describir este infortunado suceso. Sin embargo, seguí adelante, ese día te dejé ir, como el humo de mi cigarro, te deje desvanecerte con tus ojos verdes en el ambiente.

 Te regresé a donde pertenecías y agradecí el tiempo que me fue otorgada tu presencia, te había dejado ir antes cuando decidí marcharme, y esta vez te dejé ir para liberarme, te dejé ir por ti, porque sólo eres como el humo de aquel cigarro, algo efímero que estuvo de viaje en mi vida y que ahora no era más que un simple recuerdo. Después entendí que tú fuiste como aquel cigarro, te esfumaste con el aire y te desplomaste en mis manos.  

sábado, 24 de mayo de 2014

Consciencia

Yo sé que tal vez no muchos vean esto, pero no pierdo nada, ojalá y en aquella persona que lo lea por casualidad, haga una pequeña consciencia para así, de poco a poco, ir haciendo una cadena de favores.

Se supone que somos los seres más inteligentes en la tierra, si es así ¿por qué no tenemos piedad hacía las criaturas que necesitan nuestra ayuda? me entristece ver que hay tanto animalito en la calle a su suerte a lo mejor es muy poco lo que uno puede hacer pero de poco en poco se puede hacer la diferencia.
Puede que para ti sea un gesto sencillo, pero créeme,  aunque para ti sea casi nada, estarás cambiándole la vida a alguien que tenía un destino incierto.
 No te pido que lo alojes o que te lo quedes, te pido que hagas consciencia, que no te  vuelvas ajeno a esta situación que nos incumbe a todos.
 Son los seres más amorosos y más nobles y jamás dejarán de agradecerte la ayuda que les des, tal ves no te lo puedan decir pero en su mirada sabrás que nadie, nadie, te querrá como ellos te llegarán a querer.

jueves, 22 de mayo de 2014

La Noche

Déjame robarte esta noche, tu noche, permíteme hacerla mía
Déjame robarme tus labios, tus ojos, permíteme apreciarte hasta que sea de día
No me dejes sola esta noche, esta noche tú eres mío
Solo esta noche porque sé que mañana ya te habrás ido
Déjame escuchar tu risa, esta noche camina a mi lado, por favor, esta noche no te vayas de mi lado
Déjame soñarte una vez más, te quiero más en mis sueños, porque en ellos no te vas
Quisiera escucharte una vez más, cuéntame que has hecho mientras te vas
Déjame robarte esta noche, solo para mí, hazte mío, aunque no sepas, pero a veces piensa en mí
Te voy a robar esta noche, por que te quiero un momento solo para mí
Te voy a robar esta noche y no pienses que es por ti...
Lo hago porque tu recuerdo, me ha robado todas las noches a mí...

Confesión

“Te confieso que hay canciones que me dan más lecciones que un sermón”
  Te confieso que muchas veces se rompió mi corazón, bien raro, porque siempre que se quebraba lo hacía la misma persona, pero no, tampoco creas que soy una mustia, yo también debí fracturar el suyo unas cuantas veces. Finalmente después de mi tremendo primer amor amado y sufrido, hubo un cambio en mi visión de la vida de trescientos sesenta grados, al grado de que jamás le di importancia a nada, nada relacionado con el amor, eso no era para mí, eso no me importaba ¿tener una relación? ¿Pensar en cuál es el momento prudente para decir “te amo”? bah, jamás me importó, no después de saber cómo dolía.
  Durante un tiempo decidí hacerme la fuerte y conocer el mundo al que le había dado la espalda ¿Qué quería probar? Solo quería que se diera cuenta de que pude estar sin él, tan siquiera que uno de los dos lo creyera, haber quien caía primero. Digamos que en ese juego perdimos los dos, tú lo creíste y yo te dejé creerlo (brillante la lógica femenina que apliqué, me salió el tiro por la culata como mi madre diría).
  Por una parte me caía mejor mi nueva yo, probé, baile, reí, viví todo eso, por un tiempo conocí buenos amigos, pero claro, todo, todo, todo tiene un fin, mejor ni decir cuánto duró esta linda etapa de sexo, drogas y rock’an’rol en la cual descubrí una yo que sabía cómo divertirse y que sabía dejar los sentimientos de lado para no sufrir, no recordar y solo disfrutar. De verdad hubo un momento en el que podía hacer cualquier cosa, besar a cualquiera y no causaba ningún impacto en mí, al contrario, solo me llegaba a la mente una pregunta ¿será que después de él no voy a saber querer a nadie? Sigue sin respuesta, aunque de verdad, no estoy segura si podré ser capaz de enamorarme nuevamente, como idiota, como todas, como la primera vez; no, porque ya no soy esa ilusa, de una forma u otra abrí mis ojos y me di cuenta que nada era color de rosa, siempre hay algo, siempre tienes que estar atento, las señales son muy claras, solo debes mirar dos veces donde todo parece perfecto, me hice una perra realista, me convertí en alguien que sabía que el amor a los veintes es un producto vendido a base de la mejor mercadotecnia del mundo. Sí, puede que el amor exista no lo niego, amas a tus padres, a tus hermanos, amigos, incluso amas a tu perro; Todo mundo dice que hablas según como te fue, pues en mi caso y con mi voz yo les digo: el amor está bien raro, es una cosa bien loca, que casi siempre termina haciéndote un enamorado loco del cual no sabemos si despertará con cordura el día siguiente. Porque sí,  si algo hace el amor y pongo mi experiencia de por medio, el amor, nos quita la cordura y tal vez, algunas neuronas.
   ¿Alguna vez quisiste que se te cumpliera un deseo? Algo tan insignificante como volver a oler a alguien que extrañas, abrazarlo, contarle tantas cosas ¿Alguna vez calculaste en este mundo de probabilidades todo lo que ofrecerías por volver a ver a esta persona y reír de nuevo juntos? A veces son solo los recuerdos, a veces, la añoranza; pero siempre habrá algo que hará que quieras regresar al punto en el que decidiste que ya no había marcha atrás. Nada es perfecto el amor no es perfecto, pero te aseguro, lo que tuvimos, estuvo muy cercano a serlo. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Ecos de silencio

  No hay nada mas puro que amar en silencio, entre la luz y la oscuridad, entre lo cierto e incierto, lo tangible e intangible.
   Y ahí se encontraba ella, suspirando en la ventana queriendo no encontrarlo, pero buscándolo en silencio, rehuyendo a su mirada crítica y determinante, la que la hipnotizaba y asustaba al mismo tiempo.
  No bastaba con fantasearlo pero bien sabía que era banal, el mero deseo de encontrarle para a los pocos segundos renunciarle ¿Era eso o era amor?
  Cada que ella se perdía él desinteresado solo reía, pero cuando ella no regresaba, atormentado él la buscaba ¿Será Locura? ¿Será verdad? O era el deseo que no cesaba de reparar lo irreparable.
   Era un juego donde ambos perdieron, él, el valor, ella, el corazón. Esperándolo, perdiendo el momento y la noción del tiempo.
   Huyendo de él, de su indiferencia natural hacia ella, aceptando por convicción que es una amante loca, tal vez esperando o tal vez dejando pasar, queriéndolo en secreto, queriendo no odiarle.
   Estando orgullosa de ella misma y recuperando su fortaleza, perdiendo su ilusión. Recreándose e impulsándose a ser realista y consciente de su emoción...de su dolor.
   Ella, renaciendo, suspirando en la ventana, viendo primaveras, esta vez, sin recordar ni un atisbo de aquella, su mirada. 

jueves, 8 de mayo de 2014

Cerrando Ciclos

Hoy te he pensado en todas partes, más que ayer y más que otros días. Ok, la cagué y lo admito, pero, más que admitirlo, lo siento, más que sentirlo, me duele porque sé que jamás me perdonarás, aunque me ames, aunque una pizca de ti piense correr a mis brazos, sé muy bien que no lo harás, y no te culpo, debes amarte como siempre te lo dije; No quiero derrumbarte, así mismo, no quiero derrumbarme, te recuerdo por momentos, te apareces de repente, un olor, una fotografía, una canción, que sé yo, incluso en sueños, eres mi más bello recuerdo, pero me rehúso a dejarte ir, a pesar de ser yo quien decidió partir, te cuento que no sabes cuántas noches quise correr a tu lado, cuántas veces lo planeé, y no sabes cuántas más decidí que no lo debía hacer. Es cierto al igual que tú yo también creo que estoy bien, pero que definitivamente todo sería mejor a tu lado…todo.
 Francamente me das miedo, miedo de volver a caer en el caos reinante de nuestra relación, miedo a perdernos otra vez a pesar de estar a tan solo unos centímetros. Es muy curioso lo que pasa por que ahora estando lejos, pensándote, escribiéndote, te siento mío, te siento cerca, y te revivo a mi lado aunque no lo sepas, junto con todas esas cosas que viví a tu lado, te recuerdo junto con tu esencia, que se vuelve ausencia, te temo, te recuerdo y te quiero, pero también te dejo, porque es lo mejor, porque es un regalo de mi para ti, porque te he amado como a nadie más amé y porque mereces todo aquello que yo te negué.


Adiós. Te amo.